¿Os acordáis de mi maldición en la cocina? En todo este tiempo he pasado de utilizar la tapa de una olla como escudo cada vez que frío unos filetes, a buscar nuevas y apetecibles recetas para retarme y (con suerte) sorprenderme de lo que soy (o no) capaz.

    Este caso fue algo extraño, algo así como una receta en cadena:
- Empecé en navidades haciendo la receta del famoso roscón de reyes de Isasaweis, que podéis ver aquí por si aun no lo conocéis: ¡click!
- Ese roscón es de pan y no de hojaldre, así que quise rellenarlo con algo rico. Y por no hacerlo de la clásica trufa o nata montada, fabriqué dulce de leche casero.
- Como sobró un montón (porque al final no lo rellené y dejé el dulce en cuencos para que cada uno se fuera sirviendo a su gusto) busqué cómo darle salida al sobrante (no era plan de darse el atracón a cucharadas... ¿no?... ¿no?... ¿no?)

   Así aparecí en el blog de Carmen, donde se explica paso a paso, entre otras mil tropecientas cuarenta y siete recetas diferentes, cómo conseguir un delicioso helado casero de dulce de leche. ¡Y sin necesidad de heladera! Estaba claro que caería esta receta sí o sí.
   Si os apetece poneros manos a la obra con ello, sólo necesitáis... 


¡¡ATENCIÓN!! ¡¡NO SIGAS LEYENDO SI ESTÁS A RÉGIMEN
O SI PRETENDES MANTENER UNA DIETA LIBRE DE HELADO EN DOSIS DE KILO!!

(Bien, ¡yo te avisé!)


   INGREDIENTES: (según la receta de Carmen):

  -  500 gr de dulce de leche
  -  2 tazas de leche
  -  200 ml de nata para montar (¡no la de cocinar!)


   PREPARACIÓN:

  - Punto uno: Calentar el dulce y la leche removiendo hasta que los dos ingredientes queden bien mezclados. Dejar enfriar.

  - Punto dos: Montar la nata. Tiene que estar bien fría para que se suba mejor y más rápidamente. Se bate con una batidora hasta que, al inclinar la fuente donde la estemos batiendo, la nata no resbale sino que se quede con forma fija en el fondo (truco cortesía de Mamaliciosa ^-^).

   - 
Punto tres: Unir "Punto uno" con "Punto dos" y remover bien para que quede muy bien hecha la mezcla. Poner en una fuente y meter en el congelador.

   - Punto cuatro: Dos horas después, y con la ayuda de un tenedor, picar y remover la mezcla para deshacer los cristales que se van formando. Volver a meterlo al congelador.

   - Punto cinco: Rehacer el punto cuatro. Y así una vez más, o dos, o las que creamos convenientes según vayamos viendo el estado del helado.



   ¿No es más que fácil? Claro, así cómo no me iba a animar jajaja


Si agudizáis la vista, la menda os saluda desde la cuchara :)


   Solo está buenísimo, de rechupete, de caerse para atrás... pero aun así mamá preparó frixuelos/frisuelos/fisuelos/fixuelos/feixolos/filloas (lo que tiene el asturiano, que no nos decidimos por un nombre) y pusimos el helado como acompañamiento. La mezcla ya fue espectacular. Y con sirope de chocolate puessss... para qué contaros. Yo creo que a estas alturas no queda nadie leyendo porque se ahogó en su propia saliva jajaja :)


   Si os parece bien, en futuras entradas os explicaré cómo hacer el dulce de leche de fabricación propia, ya veréis qué cosa tan buena y tan adictiva. Eso sí, ya os advierto de que no me haré responsable de los kilos que engordéis si agarráis el tarro de dulce y os lo coméis de una sentada jajaja

   También tengo ganas de enseñaros qué más se puede hacer en casa con la nata para montar ¿adivináis qué tengo en la mente? :)




   Espero que os haya gustado y que hayáis sobrevivido bien al subidón de azúcar que os he puesto en fotos, ¡nos vemos pronto!




   Recuerda que puedes seguirme en:
 
 
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  Esta receta la saqué de la página de hogaradas.es una web en la que encontraréis, además de más recetas como ésta, entradas sobre moda, belleza, regalos... y mucho más. No dejéis de visitarla porque tiene mil cosas diferentes, ¡así que raro es que algo no os guste!

  Os la he puesto como imprimible, espero que os guste verla de esta manera, me parece mucho más divertida. Para tenerla en vuestras manos sólo tenéis que abrir la imagen en una pestaña o ventana nueva, y de ahí imprimirla desde vuestro navegador. Si no me equivoco saldrá tamaño din A4, pero si previamente la guardáis en vuestro ordenador, podréis modificar el tamaño sin problemas. Aun así si os queda alguna duda, ya sabéis, me dejáis un comentario con ella (y con vuestra dirección para responderos directamente a vuestro correo) o me escribís un email :)
   Como cada vez está más claro que se nos asienta el buen tiempo, esta receta es brutal para refrescarnos y recuperar fuerzas si la servís fría. Y la salsa le da un toque de sabor extra que hará que todos quieran repetir, así que aseguráos de tener bastante cantidad para todos los comensales.

   Es muy sencilla, ya lo veis, no tiene pérdida. Intentaré hacerla con otros ingredientes (¡incluso con fruta tiene que estar deliciosa!) y como no se necesita comer caliente, es perfecta para llevar al campo o a la playa y comer o merendarla al aire libre. 
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   Aquí tenéis la imagen del corte. La verdad es que es de las recetas que me han resultado más fáciles, y una de las que ha tenido mejor acogida en casa. Por eso repetiré, seguro :)

   Además, según me han dicho, esta receta es válida para las que estéis haciendo la dieta Dukan, porque es una de las de P.P. (Pura Proteína). ¡Si alguien puede confirmarme esto, se lo agradeceré!
   Si queréis podéis picar bien finitos los ingredientes, o dejarlos en pedazos más grandes como yo he hecho. ¡Esto va al gusto de cada casa!

   Para que el desmoldado os sea más fácil, os recomiendo barnizar el molde con un poquito de aceite y cubrirlo con pan rallado. Yo lo he hecho de esa manera y por eso tiene ese aspecto exterior tan rico :)

¡Y... ahora contadme!


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¿Os apetece probar este pastel veraniego?    
¿Qué os ha parecido el imprimible?    

Y si hacéis la receta... ¿me lo contaréis? ¿Si? :D    

¡Que tengáis un día tremendo!
 
 


Mini cupcakes de Oreo (o cupcakes para morirse del gusto)

¿Te apetecen?
A mí ya no me quedan... ¡pero tú también puedes hacerlas!
¿Te animas?
  La receta es, como siempre, bien sencilla, apta para golosas impacientes y novatas en la cocina. Vamos, perfecta para mí.

  La he sacado del blog de Alma, de Objetivo Cupcake, y la he versionado en cuanto a cantidades y algunos ingredientes, en función de lo que tenía o no por casa :) Y quedaron, de verdad os lo digo, increíblemente buenas... ¡Ojalá pudiera transmitiros el sabor por la pantalla!

  ¿Vamos al lío?


    Lo primero, las cupcakes:


   Antes de nada precalentamos el horno a 160ºC.

   Ahora necesitamos dos fuentes o bols (o bowls o boles, como lo digas en tu pueblo) y un cazo.

   En el cazo mezclaremos la leche y el azúcar avainillado. Si calentamos un poquito la leche, el azúcar se disolverá mejor. Y ya está, lo dejamos de lado.

   En un bol echaremos los ingredientes secos (harina, cacao, Oreos y levadura) tamizados, esto es muy importante. Los mezclamos un poco y también lo dejamos de lado.

   En el otro bol batimos (con batidora a no ser que tengáis el brazo de Nadal) el azúcar  con la mantequilla, que deberá estar a temperatura ambiente. Cuando esté cremosa la mezcla, añadimos el huevo (¡sin cáscara, por dios!)


    Bien, ¿tenemos ya los tres recipientes listos?
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   Ahora, ¡concentración!

   Mezclamos el contenido de las dos fuentes: la de los ingredientes secos y la del huevo.

   ¿Lo tenemos?   ¡Ojito ahora!

   Mezclamos el contenido del cazo (la leche con la vainilla) con el resto de ingredientes... ¡Y bate que bate ♫!


   ¿Ya? Así me gusta, aligerando. Ahora repartimos la masa entre las cápsulas de papel (o silicona como las mías). Las llenamos como mucho, hasta los dos tercios... ¡y al horno con ellas!

   Las dejamos durante diez minutos aproximadamente y no abrimos el horno hasta que pase este tiempo, o hasta que veamos que tienen pinta de estar hechas. Para comprobarlo podemos probar a pincharlas con un palillo: si sale limpio ¡ya están!



   Mientras se hacen al horno, podemos ir preparando la presentación y toque final:    

    La buttercream de Oreo:


    Si hay alguna receta más sencilla que esto, ¡seguro que es mentira jajaja!
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    Simple y llanamente ponemos todos ingredientes en un bol (la mantequilla a temperatura ambiente, el azúcar glas, el azúcar avainillado, la leche y las Oreo ralladas y tamizadas) y lo batimos a velocidad baja un minuto y luego a velocidad media durante cuatro minutos.

    Ahora metemos el dedarro en la mezcla y lo rechupeteamos. ¡¡OJO!! ¡Prohibido repetir, que tiene que dar para las cupcakes :P! 


   Sólo queda decorar nuestros cupcakes al gusto, con un cuchillo para mantequilla, con una manga pastelera... como queráis, y preparar un delicioso té con leche o un cafetín para acompañar esta maravilla, ¡están para morirse del gusto!

   Si os animáis a hacerlas, tardaréis muy muy poquito, ya veréis, y tendréis una merienda ¡deliiiciiioooosaaaa!


    Si vais a tener visitas, seguro que triunfan. Y si las visitas todavía van al colegio, ¡ya no os quiero ni contar! Próximamente las haré de nuevo para llevar a casa de mis primas pequeñitas, pero esta vez las adornaré con mini Oreos encima de la buttercream tal y como ha hecho Alma en su página, ¡y van a flipar! Ya os contaré...



¿Qué, os pondréis manos a la obra?
¿Os veis capaces?
¡Ánimo, merece la pena probar!

Recordad: Si yo he podido... ¡cualquiera puede! jajajaja

¡Que tengáis un fin de semana para morirse del gusto :)!



[ Agradecimientos... ]
  - A Alma "Manzana" (jajaja) de Objetivo: Cupcake Perfecto por publicar esta receta tan fácil y tan buena (y otras muchas más recetas que podréis ver en su web).
  - Y a Dieguín, mi Dieguín, por ayudarme sin rechistar con las fotos, aun sabiendo lo "especial" que soy yo para estas cosas... ¡cómo no voy a quererle :)!


 
 


     Se me fue la pinza. Sonó el despertador a las 9am y un resorte dentro de mí me obligó a ponerme a hacer galletas. Así, sin anestesia, ni preliminares, ni nada.

     La receta está basada (y versionada) de un libro de muffins, bagels y demás postres. Como siempre, es una receta a prueba de maldiciones (¡esto marcha!) y da para, más o menos, una docena de galletas (son grandotas).

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       Empezaremos con el relleno:
     1. Cogeremos unas seis u ocho fresas, las lavamos, les quitamos las hojas y las partes que estén sin madurar (zonas blancas). 
     2. Las laminamos con un cuchillo y las ponemos en un bol. El siguiente paso es opcional:
     3. Las cubrimos de azúcar, revolvemos un poco y las dejamos reposar. (¡Esto con nata montada es otro postre increíble!)



     Vayamos ahora con las galletas
   
     1. Precalentamos el horno a 180º y forramos una bandeja de horno con papel vegetal (papel de horno).
     2. Batimos la mantequilla (que estará a temperatura ambiente) y la mezclamos con los 200gr de azúcar blanco.
     3. Cuando esté bien batido agregamos el huevo y la harina poco a poco.
     4. Llegará un momento en que la batidora diga "¡no puedo con esta masa!", entonces la sacaremos sobre una superficie enharinada, y con el rodillo la extenderemos hasta que tenga aproximadamente unos 5mm de alto (de grosor, vaya).
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     5. Llega la parte divertida: ¡dar forma a las galletas! Para ello utilizaremos, o bien cortadores como los de la imagen (los que yo usé son como esos, los podéis encontrar en Casa) o bien vasos normales y corrientes. Os recomiendo que para estas galletas no utilicéis cortadores con formas muy especiales porque en el horno se agrandan y el dibujo se deforma. Cuanto más sencillo sea el cortador, mejor será el resultado.
Una vez que tengamos todas las galletas cortadas, colocaremos sólo la mitad en la bandeja. 

     6. Es el turno del relleno. Pondremos en el centro de nuestras galletas una cucharadita de las fresas laminadas (y escurridas, si soltaron su jugo). ¡El relleno no debe salirse por los bordes, ojo, tiene que estar bien centrado!
     7. Y ahora la parte más difícil: cogeremos la otra mitad de las galletas que habíamos cortado, y las iremos poniendo encima del relleno, como si hicieramos bocadillos. Con los dedos iremos marcando los bordes para dejar bien sellada una galleta a otra y que no se nos escape el relleno. ¡Ya están! Difícil ¿eh?
     8. Metemos la bandeja en el horno durante unos 10-12 minutos (o hasta que las galletas se doren por los bordes) y las dejamos enfriar.


¡A la rica cobertura!

     Mientras se hacen y se enfrían las galletas, podemos ir preparando la cobertura de chocolate. Para ello yo utilicé cacao en polvo, pero también podéis echar mano de chocolate a la taza, por ejemplo.
     La historia es bien fácil: ponemos en un cazo un chorrito de leche entera, y cuando esté caliente le vamos añadiendo cacao en polvo y azúcar. Las cantidades son al gusto. O sea, que vais removiendo y chupando el dedo hasta que deis con el punto que más os gusta (a mi hermana le encanta el chocolate negro y amargo, y a mí por el contrario, con mucha leche y azúcar, ¡no hay color!).
     No os paséis echando leche*, tiene que quedar bien espeso. Si nos pasamos dejaremos el chocolate bajo vigilancia a fuego lento, y removiendo iremos viendo cómo se espesa poco a poco hasta llegar al punto que queremos.
     *Hay quien usa nata para montar y se evita este problema. También es buena opción.

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  ¿Ya se enfriaron las galletas?

¿Ya está espeso el chocolate?


Pues a la carga: colocaremos las galletas sobre una rejilla e iremos haciendo lluvia de chocolate. ¡Quedarán riquísimas!

     ¡Y además con sorpresa!

     Sé que la receta parece un poco larga pero es muy fácil y rápida de hacer, lleva más tiempo explicarla que llevarla a cabo :) Ya lo veréis si os ponéis manos a la obra con ellas.

     Espero que os animéis a hacerlas y a contármelo. ¡A probar las mías no os invito que ya no queda ni una jajaja!


¡Que tengáis un día muy cookie!
(jaja, ¿lo pillas?)
 
 
     
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     Hace poco quise hacer unas magdalenas de higos y queso de cabra. Supongo que me puse a ello porque si me salían bien, sería algo así como empezar a lo grande en esto de jugar a las cocinitas. Imagino que, sabiendo aquello de mi maldición, ya habréis deducido que el experimento quedó en eso: un experimento. Al menos no hubo explosión y no se me quedó la cara negra como en los dibujos de la tele.
     En fin, después de aquello se me quedó la espinita clavada de las magdalenas... si tan fáciles son, ¿por qué no me salen? ¿Habrá que empezar por lo básico? Pues igual era ese el problema. Así que probé con algo más simple, pero que tuviera algo de chicha. Vamos, que no fueran unas magdalenas corrientes de toda la vida. Veréis: 

     Magdalenas de zanahorias. Receta para torpes (¿alguien más en la sala?):

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Los ingredientes son bien básicos, no puede haber queja. Y la preparación... ¡ya me diréis!:

  1. Precalentamos el horno a 180ºC.
  2. Mezclamos bien los ingredientes en el mismo orden que la lista de la imagen: huevos, azúcar, aceite, harina (mezclada con levadura) y zanahoria.
  3. Ponemos la masa en las cápsulas para magdalenas y las metemos en el horno unos 20 minutos, hasta que estén doraditas.
  4. Pinchamos un palillo en alguna magdalena para comprobar que están completamente hechas (tiene que salir limpio).
  5. Adornamos al gusto con queso Philadelphia.
  6. Ya está.
  7. En serio, ya está. No hay más.

     Estará mal que yo lo diga pero, por dios, esto parece que sólo me pasa en años bisiestos y tengo que aprovechar el momento:    ¡¡¡ESTÁN BUENÍSIMAAAAS!!!

     Se preparan en un momento, no se mancha la cocina, y salen un montón de magdalenas dulces, todas buenísimas y preparadas para hincarles el diente :D

     También podéis hacer como yo y preparar magdalenas con la mitad de la masa, y con la otra mitad hacer un bizcocho esponjoso, que está igual de bueno, sólo que la presentación es más... rústica, digamos. Ya se ve. Perdió todo el glamour:
     Hubiera quedado mucho más bonita si la hubiera abierto a la mitad y la hubiera rellenado con el queso, en vez de ponerlo por encima -opinión de mi mamá/experta-. Para la próxima así lo haré, que mi invento de imitar una tarta de nata no me convence nada en absoluto jaja.
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      Si probáis a hacerlas, espero que me lo contéis, ¡salgan como salgan!

     A ver si os animáis y le dais una vuelta de tuerca a la receta... que esas innovaciones siempre alegran la vista (y el estómago, claro jaja).


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Eso es todo por hoy, ¡que tengáis muy buen día!

 
 
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     Ya sabéis que yo lo de cocinar lo llevo fatal debido a mi maldición, pero aun así intento quitármela de encima como sea, o... vale, al menos disimularla un poco. La parte teórica para mí suele ser bastante sencilla, estoy acostumbrada a ver a mi madre amasando, removiendo, adornando o friendo. El problema llega cuando las cosas entran en contacto con mis manos... sálvese quien pueda.

     Hoy me ha dado por preparar pan casero. Hay muchas maneras de hacer pan en casa, muchas recetas y muchos ingredientes diferentes para añadirle, vamos, muchas ganas de hacer que lo vea complicado y lo deje de lado ¡pero no! Rebuscando por nuestro querido Google encontré, en varias webs diferentes, una receta para hacer pan sin necesidad de dejar reposar la masa. Es una receta para "empezar a aprender" a hacer pan. A mí me salió lo que veis en la foto, ¿os animáis a probar?
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Esta receta en concreto está sacada de De Uvas a Peras.

     Necesitaremos también un bol de pyrex con tapa. Esto hará que se mantenga la humedad dentro del horno y la masa suba mejor.

     Ya veréis como la receta es superfácil, sólo tenéis que mirar la foto de mi pan... ¡hasta yo pude hacerlo!


  1. Empezamos mezclando bien nuestros ingredientes en este orden: agua, aceite, levadura, harina y sal.
    Acordaos de que es esencial no mezclar la levadura con la sal directamente, porque anularíamos la levadura y la masa no subiría (sería como no haber echado levadura, vaya).

  2. Cuando la masa sea homogénea, ponemos un poquito de harina sobre la meseta de la cocina y empezamos a trabajar la masa de pan con las manos. Se recomienda darle golpes a la masa lanzándola con fuerza contra la meseta, varias veces seguidas. En mi casa desde siempre se dan cien golpes, no me digáis por qué, que tampoco lo sé jaja. En la receta original no especifican cantidad.

  3. Damos a la masa forma de bolita, que quede mona y achuchable, ya sabéis :P

  4. Preparamos la fuente de pyrex, untándola en aceite (con las manos) y echándole un poquito de harina por encima. La tapa de la fuente también debe ir así de rebozada :P

  5. En el medio de la fuente pondremos la bolita de masa. Espolvoreamos un poquito de harina por encima y para adornarla haremos unos cortes a la masa en forma de cruz, de almohadilla (#) o como os apetezca.

  6. Ponemos la tapa a la fuente y la introducimos en el horno, que debe estar apagado y frío. Una vez esté nuestro proyecto dentro, ponemos el horno a 200ºC y esperaremos 45 minutos. Abrimos una cervecita y nos ponemos la tele. Esto es básico, claro.

  7. Cuando falten 10 minutos para terminar la cocción, abriremos el horno y quitaremos la tapa a la fuente. Cerramos el horno y lo dejamos los últimos diez minutitos para que el pan se dore por arriba.

  8. Cuando el horno haga "¡tin!" o "¡cling!" o lo que sea que hace tu horno, sacaremos el pan y lo dejaremos enfriar.

  9. Para saber si está bien hecho antes de abrirlo, damos la vuelta al pan y le damos unos toquecitos con los nudillos, como cuando llamamos a la puerta. Tiene que sonar a hueco (igual que la cabeza de alguno/a que yo me sé jajaja).



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     ¿Qué? ¿Tiene buena pinta, eh?
¡Pues eso tiene nada más jajaja!

    Me quedé corta con la sal y puaj, qué mal sabe el pan soso...

     También subió menos de lo que esperaba, no entiendo por qué razón, las instrucciones están seguidas al pie de la letra. Igualmente, la próxima vez que haga pan casero, dejaré la masa en reposo aunque sea una hora, a ver qué pasa. Ya os contaré, por supuesto :)

     ¿Os animáis a probar a hacer vuestro propio pan casero? ¿Lo habíais hecho alguna vez? ¿Tenéis algo que comentarme para mejorar la receta o mi maña en la cocina? Ya sabéis que os agradezco toda ayuda :)

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     Ah, y no podía terminar la entrada sin comentar que el pan soso ¡no se tira!. Un poco de Philadelphia y mermelada de arándanos y frutos rojos...
 ¡y a zampar!


     ¡Buen provecho! :)

 
 
<<Hace mucho tiempo, cuando era una niña pequeña con tirabuzones,
vivía en una casa en un pueblo en las montañas que separan Asturias de Castilla.
Un día salí a buscar setas, castañas y florecitas para adornar la casa,
y por el camino que cruzaba el bosque me crucé con una vieja requetevieja.
Cuando la ví dije "¡¡coño, una vieja!!" o algo por el estilo y ella se enfadó.
Como la vieja requetevieja pertenecía a otra época,
me maldijo con no poder aprender a cocinar bien,
para que así no pudiera conquistar a un hombre
ni hacerle feliz nunca jamás. Me miró directamente a los ojos y
gritó que todo aquello que yo tocara quedaría convertido en basura, y
todo aquel que probara una mínima porción de una receta mía,
pasaría la peor noche de su vida sentado en el váter.>> 
   
      Digamos que por un lado estoy servida en cuanto a amor, esa parte se le escapó a la vieja, no contaba con mi astucia y sensualidad para conquistar a Diego (jajaja). Y en cuanto a comida, lo mismo, la requetevieja no pensó que a mi edad seguiría viviendo en casa de mis padres... y creedme, comer lo que prepara mi madre no tiene nada de castigo.


     Pero, volviendo al tema, efectivamente por otra parte sigo maldita: soy un desastre en la cocina.
     Algo así soy yo. Un poco exagerado, claro, no tengo tanto pelo. Pero la cara de susto más o menos es la misma. Sí que es cierto que me voy soltando poco a poco:  sigo teniendo un miedo terrible a quemarme con el aceite caliente pero ya quedó muy lejos aquello de lanzar los filetes con catapulta desde la puerta de la cocina hasta la sartén.

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     Igualmente, y aunque le eche un par de narices a la cocina, la maldición está ahí. Y posiblemente pensaréis "bueno, bueno, no será para tanto"... ya, ya, ya...

     Hace unos años me propuse aprender a hacer arroz blanco. Siguiendo las anotaciones de mi madre, que hace unos arroces riquísimos, todos los que yo hice me salieron de todas las maneras posibles que podrían salir, pero nunca bien hechos. O quedaban crudos por dentro, o pegados abajo, o más o menos pasable pero soso... Viendo esto, y temiendo por nuestra salud (tanto comer arroz mal hecho no debe ser sano) mi madre decidió acompañarme durante toda la receta, para ver dónde fallaba.

     Al terminar de cocinar me felicitó, lo había hecho perfecto y recuerdo oír algo así como "ya verás qué rico está hoy". Ese día comimos lomo con patatas, ya me entendéis.

     Ejemplos como este tengo cientos: pechugas crudas por dentro, magdalenas que no suben, tartas que parece que se cayeron de un quinto... ¡con lo que me gusta a mí comer y tengo que depender de otros!


    La opción de comer fuera es algo que llevo muy bien, si fuera más solvente podría acostumbrarme a ello. Así que aunque sólo sea porque de momento soy pobre, y porque la vieja requetevieja se trague sus palabras, me voy a poner manos a la obra para acabar con mi maldición.

     Sea receta fallida o superada, por aquí la veréis. ¡A no ser que la imagen sea tan desastrosa como para haceros llorar hasta durmiendo! No se trata de haceros sufrir, pero sí de compartir la experiencia y pasar un rato divertido aunque sea a costa de mi atrofia gastronómico-culinaria :)


     Os espero con el delantal ya puesto, ¡no os olvidéis de tener todos los utensilios limpios!
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     ¡Besos rebozados como croquetas de jamón!